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viernes, 8 de julio de 2016

Historia verdadera de la Zona del Silencio. PARTE 3

PARTE 1
PARTE 2

EL ESTUDIO ARMS
Desde 1958 la Comisión Estadounidense de Energía Atómica (US Atomic Energy Comission, USAEC), con sede en Las Vegas, mantenía un programa de medición de fuentes naturales de radiación, el cual se hacía desde el aire, mediante un par de aviones (un Beech B50 y un Martin 404) dotados de instrumental especializado. Durante toda esa década fueron numerosas las misiones de registro en diversas áreas del país, algunos de los programas se denominaron Aerial Radiological Meassurging Survey (ARMS y ARMS-2). El principal contratista privado que desarrolló los instrumentos fue una compañía denominada Edgerton, Germeshausen and Grier, Inc. (EG&G), y los aviones usados eran de su propiedad.
Las aeronaves usadas por la USAEC: En primer plano el Beechcraft Twin Bonanza empleado en los estudios ARMS, y al fondo un enorme Martin 404, que se usaba para monitorizar las nubes radiactivas producto de las pruebas de armas nucleares.
El equipo encargado de realizar las mediciones del ARMS tuvo además que efectuar otras misiones a encargo de la USAEC en casos de accidentes de tipo radiológico. En abril de 1963 asistió en el hundimiento del submarino nuclear USS Tresher, verificando que no hubieran escapado elementos radiactivos desde el reactor. Luego en 1968 una fuente de Cobalto-60 para uso hospitalario se cayó de su transporte en una autopista entra Salt Lake City y Kansas City. El contenedor fue encontrado vacío al lado de la carretera y el avión del ARMS realizó vuelos de medición hasta que la fuente fue encontrada cerca de Kansas. También se usó para valorar el flujo de radiación residual en pruebas con armas nucleares y ayudó a monitorizar los vuelos del programa Apollo, cuando éstos llevaron elementos radioactivos a bordo.

En 1970, con la pérdida en suelo mexicano del Athena V123D conteniendo material radiactivo, el ARMS iba a realizar su primera misión en el extranjero.

BÚSQUEDA AÉREA
El 30 de julio el avión Beechcraft B-50 Twin Bonanza del EG&G, matriculado N702B, y equipado con detectores de radiación diversos, estaba realizando uno de sus tantos vuelos en Illinois, cuando vino la orden de la USAEC: el estudio se dejaba en segundo plano por el momento, y la aeronave debía dirigirse a Torreón para asistir a los técnicos de White Sands que llevaban ya tres semanas sin poder localizar la fuente gama de Cobalto-57 que venía con la etapa final del Athena perdido.
Aspecto del Twin Bonanza. Obsérvese que detrás de cada motor existe un orificio, que de hecho es la salida de un cohete JATO, para despegar en distancias cortas o en caso de emergencia
El número de construcción de este avión era el EH-43, fue construido en 1957 y salió ya con la matrícula comentada.
El Twin Bonanza, afectuosamente denominado "T-bone", tal como apareció en un reportaje de la revista Private Pilot Magazine, en abril de 1969. Pueden verse los diversos detectores montados en el techo de la aeronave
El avión llegó a la región el 31 de julio de 1970, el detector fue calibrado según las características de emisión del Co-57, ese mismo día empezaron los vuelos de familiarización con la zona y se establecieron como puntos de referencia una marca de cal en el norte, y al sur la represa de tierra “El Tapado” (el mismo sitio donde De la Peña dijo encontrar silencio de radio en 1966, y curiosamente el avión del ARMS nunca reportó problemas sobrevolando el sitio).

Al día siguiente los pilotos Edward Schultz y John Kleland empezaron los vuelos de búsqueda y detección, éstos se harían en patrones de barrido de unos 650 pies de separación sobre la trayectoria calculada del impacto. Un equipo doppler permitiría calcular la posición de la fuente de radiación una vez se encontrara, con un margen de error de 100 pies.

Durante el onceavo vuelo se detectaron los picos de radiación del Co-57. La cápsula estaba en un área ligeramente al sur de lo previsto en los cálculos, en terrenos del estado de Chihuahua a 500 metros del límite con Durango, en las coordenadas 103.7458 Este, y 26.7467 Norte, el B-50 realizó varias pasadas a diversas altitudes para confirmar las lecturas. El 2 de agosto se planificó una misión conjunta entre el personal de vuelo y las brigadas en tierra para dar de una vez por todas con los restos del Athena.
Mapa donde se delimita el área de busqueda (marca de cal al norte, represa El Tapado al sur), señalando la ubicación del pico radiactivo  y la ubicación real del cráter
La mañana del 3 de agosto el avión del ARMS efectuó una primera pasada por la zona para confirmar el pico radiactivo, un segundo vuelo se hizo para arrojar sobre la zona cinco bolsas de harina con el fin de tener una referencia visual, finalmente en un tercer vuelo uno de los observadores descubrió un cráter a unos 80 metros de donde se había arrojado la harina, el mismo medía unos cinco metros de diámetro y uno de profundidad.
El cráter visto desde el aire, un grupo de personas rodean el mismo
Aspecto del cráter ya desde el suelo. Es una verdadera vergüenza que estos excelentes documentos gráficos lleguen a nosotros por medio de programas que sólo pueden calificarse de basura por ser mediocres y especulativos: la imagen de arriba aparece en el programa Extranormal de TV Azteca, en tanto que las dos siguientes vienen por cortesía de los programas del History Channel, uno no puede dejar de preguntarse cómo es posible que estos reporteros charlatanes tengan acceso a estas imágnes, y no los medios científicos serios, o el publico en general.
Acercamiento al cráter de impacto
El personal en el suelo, liderado por Carlos Bustamante, logró finalmente dar con la capsula perdida en una media hora. Una vez confirmado el hallazgo el avión regresó a Estados Unidos ese mismo día.
Unos pocos restos fueron encontrados, el equipo en tierra determinó que las dos fuentes de Co57 no sobrevivieron al impacto y se dispersaron sobre la arena de los alrededores. Los diversos fragmentos metálicos encontrados fueron recolectados en una caja y preparados para su envío a Estados Unidos.
Restos de la cápsula del cohete Athena V123D, recolectados en una cajita. Foto de la hemeroteca de El Siglo de Torreón
El personal norteamericano festejó y se embriagó esa noche en un restaurante de Torreón, según Bustamante el Complejo White Sands pagó de muy mala gana los 700 dólares que se gastaron en el festín, posteriormente harían los preparativos para regresar a Estados Unidos, mientras que el cuerpo de Rurales de Ceballos se encargó de custodiar el lugar, algo que irritó a sus contrapartes en Jiménez, Chihuahua, pues dado que era su jurisdicción, ellos debían ser quienes vigilaran el sitio y no elementos de otro estado.

Durante los siguientes dos meses el sitio siguió custodiado y examinado por personal estadounidense.

El 17 de septiembre unos soldados que viajaban en un armón de ferrocarril desde Estación Carrillo (un sitio cercano a la zona donde cayó el Athena) hasta Escalón, Chih., fueron agredidos a balazos por un individuo que se identificó posteriormente como Carlos Durán Acosta, hijo del Agente del Ministerio Público de Jiménez. El Sargento Efrén Santiago Hernández falleció días después en un hospital militar cercano. Esta noticia, aunque no relativa al incidente Athena, fue reportada en los diarios norteamericanos, señalando que la balacera había tenido lugar en el sitio de la caída del cohete.

Nunca se hizo un intento por buscar la tercera y cuarta etapas del Athena.


ACTUALIZACION 2022: Una serie de 3 videos con entrevistas a expertos locales y nacionales, con nuevas revelaciones, puede ser vista aquí:
Documental 2022: serie de 3 videos

martes, 5 de julio de 2016

Historia verdadera de la Zona del Silencio. PARTE 2


LA ZONA DEL SILENCIO
Inicialmente los ingenieros en White Sands y Green River estimaron que el misil habría caído en un área en el remoto desierto chihuahuense limítrofe con Coahuila, una zona desértica poco habitada. Nuevos parámetros de telemetría delimitaron el rango con mayor precisión y mucho más lejos de lo inicialmente previsto: unas 500 millas (800 Km) al sur de la frontera, en la confluencia de los estados Chihuahua, Durango y Coahuila, llamada “Vértice del Trino”.
Un obelisco metálico en el Vértice del Trino marca la confluencia de Coahuila, Durango y Chihuahua
La región, que hoy llamamos Zona del Silencio, por aquellas fechas ya era conocida así aunque el nombre no había sido muy divulgado. En 1966 el Ingeniero Harry de la Peña y su equipo se encontraba explorando la zona para Petróleos Mexicanos (PEMEX), pues se planeaba la construcción de un oleoducto a Jiménez, Chihuahua.
Harry de la Peña
Dadas las horribles condiciones que ofrece el desierto a aquellos que se atreven a vagar por él, es necesario tener un medio de comunicación, De la Peña portaba consigo un radio, cuando de pronto descubrió que no podía recibir o emitir señales con el aparato en cierto punto geográfico: un silencio radial. Presuntamente el lugar era una represa de tierra conocida como “El Tapado”, ubicado al este del Cerro de San Ignacio, una montaña solitaria que es el lugar de referencia más prominente de la región. A su regreso llamó a este punto “la zona del silencio”, así sin más. En los años siguientes, tanto antes como después del incidente Athena, De la Peña realizó varias excursiones con diversos equipos de radio para reproducir el fenómeno, y lo logró en varias ocasiones en diversos puntos, pero nunca dos veces en el mismo lugar, alegando que la zona en realidad solía cambiar de posición erráticamente. No obstante, tales “demostraciones” no sobreviven al rigor científico actual, pues siguen siendo una serie de meros casos anecdóticos y no verdaderos experimentos controlados. No parece además, que alguna vez haya llevado consigo un magnetómetro para comprobar las supuestas anomalías de la zona.

CAIDA Y BUSQUEDA
Eran casi las 4 de la mañana del 11 de julio de 1970, hora local, unos 10-15 minutos habrían pasado desde que el V123D Athena fue lanzado, los pobladores de localidades como Móhovano, La Flor, Estación Carrillo, Ceballos, Glorias de Quintero, entre otras en la confluencia de los 3 estados, despertaron al escuchar un súbito estruendo. Se trata de poblaciones que en su mayoría no pasan de los 50 habitantes.

Antonio Muñoz trabajaba en el desolado ranchito Las Glorias de Quintero, a esa hora se encontraba regando unas parcelas, cuando observó en dirección al este una llamarada rojiza que se precipitaba a Tierra, estimó que cayó a unos 30 km al sureste de donde él estaba, el extraño objeto rebotó en una ocasión y siguió emitiendo un resplandor durante varios segundos luego de detenerse. Un granjero en otro rancho cercano estalló en cólera pues supuso que alguien andaba asustando a su ganado y éste huyó de sus corrales. Historias de todo tipo empezarían a circular por esos desolados pueblos en los días siguientes, algunas tan fantasiosas como la caída de un ángel, o la llegada de los jinetes del apocalipsis.
Antonio Muñoz señala hacia el sitio donde cayó la bola de fuego. Foto de la Hemeroteca de El Siglo de Torreón
El gobierno estadounidense dio aviso a su contraparte mexicana, a la vez que el Consejero de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, ponía al tanto al Presidente Richard Nixon. Las negociaciones diplomáticas con México acordaron la entrada de un equipo para la búsqueda de los restos, se decidió que el equipo, al mando de Carlos Bustamante, el Mayor Julian Salas y el Lt. Cor. Lowell Knight, estableciera su base de operaciones en las ciudades de Gómez Palacio y Torreón, desde donde era más fácil y rápido acceder a la zona donde se estimaba había caído el Athena.
Memorándum parcialmente desclasificado y mapa anexo, enviados por Kissinger a Richard Nixon
El equipo fletó dos aviones para trasladarse al Aeropuerto de Torreón el 16 de julio, esperaban tener todo listo y empezar la búsqueda el día 20, aunque la prensa norteamericana citó que en 24 horas se recuperaría el aparato. La realidad es que el equipo sabía que les podía tomar semanas o meses: la cápsula del Athena apenas medía unos 20 centímetros de largo por un grosor del tamaño de una moneda, buscar eso en el desierto era equivalente a buscar la aguja en el pajar.
Personal estadounidense a su llegada a Torreon. Foto: La Opinión
El equipo de Bustamante se hospedó en el Hotel Río Nazas de Torreón y se reunió con un equipo mexicano que colaboraría en las labores de búsqueda, el cual constaba de dos oficiales del Ejército Mexicano y un par de ingenieros: J. Bustamante y Manuel Vázquez Boreto (o Borlett según las fuentes), de la Comisión Nacional de Energía Nuclear. Según se cuenta, Carlos Bustamante sabía que los militares mexicanos hablaban inglés y estaba harto de hacer las veces de traductor, además estaban muy reacios a responder preguntas, así que les invitó unos tragos y logró ganarse su confianza. Entre los locales que recibieron al grupo estaba Harry de la Peña, quien tenía “experiencia” lidiando con la zona. Miguel Ángel Ruelas Talamantes, conocido periodista local de El Siglo de Torreón, fue el único miembro de la prensa en tener acceso cercano durante la operación.

Los informes de telemetría desde Estados Unidos iban estrechando el área de búsqueda, en tanto que el equipo recibió un comunicado del Jefe de la Guardia Rural de Ceballos, Jaime González Sepúlveda, quien además era piloto aviador, informando que en dicho pueblo, ubicado a 150 Km al norte de Torreón, se había avistado un objeto cayendo del cielo, y luego de enterarse que era un cohete con material radiactivo, había ordenado a la población alejarse del sitio donde hubiera caído.
En principio Bustamante afirmó que la radiación emitida por las esferas de Cobalto-57 era mínima y la exposición casual a la misma no causaba daños a la salud a menos que se ingiera, inhale o manipule, sin embargo, como la noticia ya era de conocimiento nacional, el ingeniero Vázquez Boreto declaró que el material era peligroso, lo que encendió las alarmas. Luego tuvo que corregir su dicho a la vez que voceros en Estados Unidos dijeron que sólo una exposición y manipulación prolongada del material podía ser dañina, “si se carga en el bolsillo del pantalón por dos semanas, causaría una quemadura severa”.

Los dos aviones que trajeron al equipo empezaron a realizar vuelos con el fin de ubicar el sitio del impacto, pero resultaban infructuosos, la ausencia de referencias visuales y mapas adecuados no hacía sino dificultar el trabajo, la lluvia de esos días tampoco ayudó, ya que además podía enmascarar el lugar de la caída. También aterrizaban en caminos cercanos a los ejidos, donde entrevistaban a los pobladores en busca de pistas. 

Las pesquisas sin embargo resultaban infructuosas.

Brigadas de a pie fueron organizadas en los días subsecuentes, comandadas por Jaime González y empleando pobladores locales. El técnico norteamericano Frank Garza ayudó a establecer las comunicaciones de radio entre los miembros del equipo, y curiosamente jamás reportó tener problemas con las transmisiones. De las aeronaves estadounidenses una tuvo que partir de regreso para trasladar a un miembro enfermo del equipo. Quedaba solamente un avión a cargo del piloto George Koppmann. Las entrevistas brindadas por los ejidatarios a El Siglo de Torreón, como el relato de Antonio Muñoz, o las testimoniales de Felipe Silva e Inocente Vázquez, iban estrechando el área de búsqueda: ahora era una zona de unos pocos kilómetros de extensión, limitada al sur por el Cerro de San Ignacio, en terreno de Durango y al norte por la Laguna de Palomas, ya en territorio chihuahuense. No obstante las pesquisas no rinden frutos, además de que las escasas lluvias inutilizan los caminos.

Dos semanas han pasado desde que el cohete se estrelló en algún punto que aún resultaba desconocido, por lo cual se decidió echar mano de un avión especializado en detección de fuentes de radiación en el suelo.

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Documental 2022: serie de 3 videos

domingo, 3 de julio de 2016

Historia verdadera de la Zona del Silencio. PARTE 1

La Zona del Silencio. Enigmática zona al norte de México donde diariamente coexisten extraterrestres, anomalías geomagnéticas, animales y plantas mutantes, civilizaciones subterráneas, carros fantasma, inundaciones en medio del desierto, lluvias de meteoritos y almas de más allá. O al menos eso es lo que pseudocientificos, “investigadores”, conspirópatas, embaucadores y multitud de ingenuos desinformantes, creen sin dudar. Qué gran mentira.
Ciertas veces de tanto en tanto suelen aparecer en este blog lo que denomino "posts estrella", sobre temas determinados que de pronto captan mi atención y mi tiempo de ocio, lo que me lleva a leer e investigar con cierto nivel de profundidad, y luego traigo los resultados a esta página. Pues bien, he aquí otro de ellos. 
El presente trabajo es producto puramente de mi tiempo libre invertido en fuentes públicas de información histórica y especializada (aunque algunas son de paga), pero verdaderamente hay que escarbar en la internet para dar con tales fuentes, no he encontrado hasta ahora ningún sitio que relate completamente y a detalle qué pasó en aquella región. Así que se me ocurrió arrojar un poco de luz en medio de la oscuridad condensando toda esa información dispersa en una sola fuente, con el propósito de tener por primera vez una referencia fiable apegada lo más posible a la verdad de los hechos. Hasta hace unos días no se me ocurría cómo nombrar estas entradas sin que sonara como un título periodiquero, así que tomando por inspiración a Diaz del Castillo y su Historia Verdadera de la Nueva España, he decidido plagiar su título para mis propios fines.

Antes de entrar de lleno, le invito a leer esta entrada publicada en el blog “El Retorno de los Charlatanes”, donde Mauricio José Schwarz despedaza el folklor de la Zona del Silencio, con un inteligente humor lleno de ironía.

Pero, ¿cómo creció y se expandió en tan pocos años esta leyenda urbana?, ¿qué pasó realmente en aquel lugar que ha disparado la imaginación colectiva? Pues bien, este 2016 el mito cumple 50 años de existencia, y concretamente este 11 de julio se conmemoran 46 años del evento detonante: la caída de la etapa final de un cohete Athena que falló en su vuelo, y la misión de rescate consiguiente desde Estados Unidos, país de origen del artefacto.

EL PROYECTO ATHENA
Década de los 70’s: la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética está en su apogeo, los norteamericanos ganaron la carrera a la Luna en 1969, pero la competencia espacial no se detiene en otros campos. Ambas naciones mantienen programas de misiles balísticos intercontinentales para disuadirse entre sí, y desde luego el armamento debe ser constantemente perfeccionado como respuesta a las mejoras que el rival hace a sus propias armas.

Es en este contexto que podemos entender la existencia del programa Athena RTV (Re-entry test vehicle), se trataba de un proyecto conjunto entre la Fuerza Aérea de Estados Unidos (US Air Force, USAF), y el Ejército (US Army), fue una serie de cohetes experimentales (y con ese carácter experimental debemos entender que pueden tener un cierto número de fallas), cuya finalidad es evaluar parámetros y probar innovaciones tecnológicas que después se van a integrar a los misiles balísticos en desarrollo.
Los Athena RTV eran cohetes diseñados para simular la reentrada de los proyectiles intercontinentales en la atmósfera, el proyecto empezó en 1964. Los fabricaba la empresa Atlantic Research Corp., como contratista de defensa. Constaban de cuatro etapas y un cono final, impulsadas por motores llamados Pedro Recruit-1, Castor-1, Journeyman 0, Alcor y Alcyone, todos ellos accionados a base de propelentes sólidos. Normalmente su peso completo era de unas 16 mil libras (7.3 toneladas), medían unos 15 metros de altura, por 80 cm de grosor, más las respectivas aletas estabilizadoras. Estaban diseñados para alcanzar una altura promedio de 200 Km, y una velocidad máxima de 6,700 m/s (aproximadamente Mach 20), esto los llevaba a describir un arco parabólico y caer a unos 760 Km del sitio de lanzamiento tras unos 8 minutos de viaje.
Esquemàtica de un cohete Athena
Un total de 142 Athenas fueron lanzados hasta 1977 cuando el programa finalizó. 23 fueron considerados fracasos, lo cual le da una tasa de éxito de un 85%, aceptable si tenemos en cuenta la calidad de “experimental” del proyecto.
El sitio de lanzamiento era el Complejo Green River, ubicado en Utah. Los cohetes eran lanzados de madrugada en dirección al sur, el recorrido se seguía por radar y de modo visual, controlando la separación y caída de las etapas previas, hasta que la etapa final caía en una zona desértica especial en White Sands, Nuevo México. Las poblaciones cercanas a la zona de paso a menudo se deleitaban con el espectáculo pirotécnico cortesía de las Fuerzas Armadas.
Complejo de lanzamiento en Green River, Utah
Remanentes de cohetes y misiles en el campo White Sands
EL ATHENA QUE SE FUE
White Sands celebró su 25 aniversario el día 9 de julio de 1970, al día siguiente estaba previsto el lanzamiento de otro cohete Athena, aquél era el lanzamiento número 122, el cohete fue denominado Athena V123D, pero el clima no permitió el lanzamiento, así que se pospuso para el 11 de julio. El propósito específico de la misión era medir la desintegración de las cubiertas por el calor de re-entrada, para tal fin a la etapa final del V123D se le colocaron un par de esferas de Cobalto-57, un elemento radiactivo, contenidas en una caja, o “capsula” de tungsteno.
Esferas con isòtopos radiactivos para su venta comercial, la de la izquierda es Co-57
El Cobalto 57 ( 57Co, o Co57) es un isótopo radiactivo con una periodo de semidesintegración de 272 días (unos 9 meses), esto es, que ese tiempo la mitad de los átomos se habrán desintegrado emitiendo radiación, el Co-57 se desintegra mediante un proceso llamado captura de electrones, donde el núcleo “captura” uno de sus propios electrones, lo fusiona con un protón y da lugar a un neutrón. Estos cambios hacen que el núcleo reduzca en 1 su número atómico, y  que se convierta en su antecesor inmediato en la tabla periódica: el Cobalto se transforma en Hierro, en este caso el isótopo Hierro-57, durante el proceso se genera además radiación gama y un neutrino.
Si bien la radiación gama es la más peligrosa para la salud, una fuente de Co-57 hace que el cuerpo humano absorba una dosis de 0.00004 mSv/hr (milisieverts por hora, para comparar, una radiografía de tórax equivale a 0.1 mSv promedio). Es tóxico en caso de inhalarse, aunque también lo es si se ingiere, manipula o se introduce al organismo mediante heridas o punciones. La vida media biológica del Co-57 dentro del cuerpo humano es de 9.3 días, se acumula en los pulmones y se elimina por la orina, de hecho este isótopo radiactivo se usa en el "Test de Shilling", donde a una persona se le administra vitamina B12 marcada con Cobalto-57, a fin de poder verificar si el paciente tiene problemas en la absorción de la vitamina. 
Sólo se requiere de una capa de plomo de apenas 1 mm de grosor para evitar la exposición.

Volviendo al punto de este post, en el cohete Athena V123D la radiación gama emitida por los balines sería usada para valorar la integridad de los materiales del cohete, en una técnica conocida como Espectroscopía de Mössbauer, donde el Co-57 actúa como fuente de radiación gamma a fin de detectar los cambios a nivel atómico en los metales que forman la capsula del cohete.

El aparato despegó de Green River a las 0840 GMT (las 2:40 AM hora local).
Pero algo salió mal esa noche.

La causa del fracaso del V123D es algo que no ha podido ser demostrado concluyentemente, el cohete ascendió según lo calculado y a la reentrada se perdió contacto radar y telemétrico según lo previsto, pues el plasma formado en el reingreso impedía las comunicaciones de manera momentánea.

El primer indicio de que algo andaba mal ocurrió en las Montañas de San Andrés, al norte de White Sands, ubicado justo en la trayectoria del cohete, y donde un incendio se desató sobre el pasto de un camino vecinal, retrospectivamente se supo que era combustible derramado por el Athena.

Pat Quinlan era parte del personal en White Sands que vigilaba la trayectoria de los Athena, él y otros compañeros solían asomarse desde su edificio para observar el reingreso que ocurría a unos 45° sobre el horizonte. Aquella noche Quinlan no vio las llamaradas de la llegada del cohete: la estela brillante apareció mucho más arriba de lo esperado, casi verticalmente sobre su cabeza: el V123D se había ido de largo y seguía su camino en dirección sur hasta perderse de vista.

El contacto se reestableció y los datos de telemetría empezaron a llegar, esto permitió precisar la dirección del Athena V123D una vez perdido el contacto visual, y por ende también se pudo estimar el sitio donde el cohete pudiera haber caído: en algún punto muy dentro de México.

No era la primera vez que un cohete norteamericano caía en territorio mexicano: en 1947 un cohete Hermes II fue lanzado desde White Sands, pero cayó accidentalmente en las afueras de Ciudad Juárez. Luego el 12 de septiembre de 1967, un misil balístico Pershing lanzado desde Black Mesa, Utah, tuvo un fallo eléctrico e igualmente se fue de largo hasta tocar tierra en la Sierra de los Pilares, ubicada a unas 10 millas de la frontera, al este de Ciudad Juárez, ambos impactos causaron daños mínimos al ocurrir en zonas despobladas y hubo escasos reclamos por parte del gobierno mexicano. Las misiones de recuperación de los restos no fueron complicadas por ocurrir prácticamente en la frontera. El Ingeniero californiano Carlos Bustamante estaba entre quienes rescataron el misil Pershing siniestrado.

Se estimaba que el V123D se habría estrellado por lo menos unas 150 millas (240 Km) dentro de México, por lo cual la misión de recuperación iba a ser más complicada desde el punto de vista humano y logístico, y se esperaba alguna escalada diplomática, pues México mantenía buenas relaciones con la Unión Soviética y era posible que los soviéticos no solo consiguieran los restos del V123D antes que los estadounidenses, sino que aprovecharan el incidente para desencadenar una confrontación. Carlos Bustamante, que hablaba perfectamente español y además conocía muy bien el Programa Athena, fue despertado en la madrugada con la orden de encabezar una misión de rescate tan pronto se negociara con el gobierno mexicano.
La ruta recorrida por el Athena V123D, una de las primeras cosas que hay que refutar a rarólogos y demás, es que el cohete no se desvió de su ruta, simplemente se pasó de largo, podemos ver que se traza una recta entre Green River, White Sands y la Zona del Silencio, una ligera curvatura es debida a factores como los vientos,  la proyección del mapa, la gravedad, y el efecto del giro de la Tierra, conocido como la Fuerza de Coriolis, hábil pero erróneamente explicada por Lisa Simpson con un excusado

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sábado, 2 de julio de 2016

De letreros graciosos, imágenes extrañas y fallos épicos. PARTE 53

Otro mes ha pasado y es menester hacer un recuento de los progresos de la humanidad en estos 30 dìas:
Le yo y todos los de mi especie
De esas veces que aparte de naco eres p...to
Falta una: que huevón ahora se denomina "freelance"
¿y porqué no? Si a esa edad puede jugar al ajedrez, ¿qué no hará de adulto?
Bueno, yo a veces no sé si creer en MonEsVol, o en el Sumo Sacerdote de R`lyeh
Two and a half men, o de esas veces que pones un macaco junto a dos lideres mundiales
Este mes llega Cazafantasmas 3, y quisiera estar como Vigo
Estos cuatro serían muchos mejores cazafantasmas que la gorda, la negra, la hipster y la nerd
Usos de las boobies
Nos despedimos con una imagen dedicada a todos aquellos llorones que se ofendieron con esta galería