Hace unos días se conmemoró el 25 aniversario de la tragedia que definió este siglo, y el saldo fue particularmente sangriento en términos de vidas humanas, pero lo que poca gente conoce es que ese día se pudieron haber perdido unos cientos de vidas adicionales, todo gracias a una combinación de caos, confusión y miedo, coronados por cierta dosis de estupidez.
Esta es la historia de 2 aviones que el 11 de septiembre de 2001 estuvieron a punto de ser derribados por los cazas norteamericanos debido a la confusión reinante.
Aeropuerto Internacional Boston-Logan, 11 de septiembre, a las 7:59 AM despegaba el vuelo 11 de American Airlines y 15 minutos después hacía lo propio el United 175, ambos vuelos, como todo el mundo sabe, iban a Los Angeles pero terminaron en el interior de las Torres Gemelas. Sin embargo, entre el despegue de ambos aviones, a las 8:05 despega desde el mismo aeroputero el primero de los vuelos que ocupa la atención de este post: el vuelo 1989 de Delta Airlines.
El Delta 1989 despegó también con destino a Los Ángeles, se trataba de un Boeing 767-300ER, matrícula N189DN, a bordo viajaban 69 pasajeros y 8 miembros de la tripulación, un vuelo relativamente vacío, considerando que el avión tiene una capacidad en el rango de las 200-250 plazas.
En todo este tiempo el vuelo del Delta 1989 transcurrió sin novedad, mientras en tierra el caos se desataba en New York y el American 77 terminaba en el Pentágono.
En este punto todas las oficinas encargadas de la seguridad aérea en Estados Unidos están en completo caos: la Administración Federal de Aviación (FAA), el Comando de Defensa Aérea (NORAD), diversas instalaciones militares y los Centros de Control de Tráfico Aéreo (ATC) están en el clásico fenómeno conocido como la "niebla de la guerra", desconocen cuáles aviones siguen en el aire, dónde está cada uno de los aviones secuestrados, e incluso piensan que los aviones de las Torres Gemelas siguen volando. Cualquier irregularidad observada por los controladores era un secuestro en potencia.
A ello hay que sumar una complicada burocracia (burrocracia), donde para poder avisar de un secuestro y que se tomen las acciones necesarias, había que hacer decenas de llamadas telefónicas y subir en una escalerilla de funcionarios que no tienen poder de decisión antes de llegar al mismísimo NORAD, que a su vez hará otra serie de llamadas hasta llegar a las bases aéreas desde donde despeguen cazas.
Sin embargo, en el ATC de Boston ataron cabos: los aviones secuestrados que se impactaron con el WTC habían despegado de Boston cerca de las 8 de la mañana y ambos iban a Los Ángeles, si había otro avión secuestrado en ese momento, debía ser uno que probablemente salió del mismo sitio y con el mismo destino. Dado que el Delta 1989 cumplía con el perfil, le avisaron a la FAA de que dicho vuelo podría ser blanco potencial de un secuestro.
Al mismo tiempo el ATC Boston le avisa al ATC de Cleveland, ya que el Delta 1989 había dejado el espacio aéreo de Boston y entraba en la jurisdicción de Cleveland. Desde el ATC Cleveland le pasan el dato a los pilotos del avión, para que estén atentos ante cualquier comportamiento sospechoso de los pasajeros y para que limiten el acceso a la cabina.
A las 9:32 de la mañana en el ATC Cleveland un controlador escucha los mensajes "Get out of here" y "We have a bomb on board". En medio del caos reinante en la sala, el controlador no fue capaz de identificar de qué avión procedían dichos audios, hoy sabemos que provenían del vuelo United 93, que iba de Washington a San Francisco, y que por azares del destino despegó una hora tarde, ocasionando igualmente que el secuestro ocurriera una hora de retraso con respecto a los otros 3 aviones, y que acabaría estrellándose en el campo gracias a la intervención de los pasajeros.
Por casualidad el Delta 1989 estaba volando cerca del United 93 en esos momentos. En Cleveland piensan que esos mensajes vienen del Delta, era el vuelo sospechoso que les habían dicho desde Boston.
De inmediato el ATC Cleveland se comunica con el Delta 1989 para preguntar por la situación, el piloto negó cualquier intrusión en su cabina, y señaló que todos los pasajeros y tripulantes a bordo estaban sanos y salvos. Además de eso, y a diferencia de los 4 aviones secuestrados ese día, el Delta 1989 nunca apagó ni cambió el código de 4 dígitos de su transponder (aparato que envía a los ATC y a otros aviones información relativa a su identidad, posición, altura, dirección, etc).
No obstante, la FAA le avisó al NORAD por su cuenta, informando que el Delta 1989 podría también ser víctima de secuestro. Esto fue a las 9:41 AM
Un minuto después, a las 9:42, la FAA ordena cerrar el espacio aéreo: se prohíbe cualquier nuevo despegue, todos los aviones comerciales en vuelo deben aterrizar a la brevedad en el aeropuerto más cercano capaz de recibirlos, los aviones que se dirigen a Estados Unidos deberán dar la vuelta de regreso o desviarse a un aeropuerto alterno en el extranjero, como en Canadá.
El NORAD sin embargo, ordenó que se desplegaran cazas de combate desde bases en Ohio y Michigan, para interceptar al Delta 1989 en caso de no cumplir con la orden.
Afortunadamente la historia acabó relativamente bien para el Delta 1989, tan pronto recibieron la orden, dieron media vuelta y se dirigieron a Cleveland, donde aterrizaron sólo 6 minutos después. El piloto reportó únicamente un pasajero notablemente molesto por el desvío (curiosamente de aspecto árabe).
El aeropuerto de Cleveland fue evacuado a las prisas. Nada más aterrizar, el Delta 1989 fue dirigido a un sitio remoto del aeropuerto, donde el avión fue rodeado por comandos armados del SWAT y agentes del FBI, quienes mantuvieron en custodia a la aeronave durante dos horas, periodo en el que revisaron todo el interior y sus bodegas en busca de explosivos, mientras que todos los pasajeros y tripulantes fueron interrogados.
Al final todo había sido un malentendido.
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| El Delta 1989 en Cleveland, rodeado por elementos de la SWAT y el FBI, obsérvense las bodegas de carga abiertas |
Pero si éste fue un malentendido debido al caos y el miedo, en nuestro segundo avión hay que agregar un componente adicional: la idiotez de las partes involucradas.
Por la mañana del 11 de septiembre en el norte del Océano Pacífico un gigantesco Boeing 747-400 de Korean Air cubría el vuelo 085 procedente del aeropuerto internacional Incheon, en Seoul, capital de Corea del Sur, su matrícula era HL7404 y en su interior viajaban 215 pasajeros más un número no especificado de tripulantes. Aunque no iba lleno, era un vuelo con un buen nivel de ocupación.
El avión debía hacer la tradicional parada técnica en Anchorage, Alaska, para cargar combustible y así poder proseguir a New York.
Los pilotos del Korean Air se fueron enterando del desarrollo de los acontecimientos en New York y Washington conforme se los iba informado la oficina de la aerolínea por radio, mediante un sistema conocido como ACARS, que permite enviar mensajes cortos, a menudo esto implica usar abreviaturas para las palabras. Este sistema fue desarrollado por una empresa denominada Arinc, que es la que gestiona los mensajes entre los aviones y las oficinas en tierra.
La orden de la FAA para cerrar el espacio aéreo agarró al Korean 085 cerca de Alaska, no teniendo combustible suficiente para volver a Corea del Sur, la opción más sensata parece ser desviarse a Canadá, los pilotos preguntan a la oficina de la aerolínea qué curso de acción tomar.
A las 11:08 AM envían por el ACARS el siguiente mensaje: "Do we have to land in Canada because of the HJK?", donde HJK es una sigla universalmente aceptada en aviación para "hijack": secuestro. Los pilotos seguramente estaban haciendo referencia a los secuestros de los 4 aviones siniestrados ese día.
Y aquí empieza la cadena de sandeces: en la empresa Arinc vieron el mensaje, y lejos de entender el contexto del mismo, asumieron que al decir "HJK", los pilotos del Korean 085 estaban mandando un mensaje oculto: ellos eran los secuestrados. Sin preguntarle a la aerolínea o a los pilotos, le dieron aviso al NORAD.
NORAD ordenó de inmediato el despegue de dos cazas F-15 desde Anchorage para interceptar al avión "secuestrado", además de instruir al ATC de Alaska para hacerle preguntas "en clave" a los pilotos, ver cómo responden y así dilucidar si el avión está secuestrado o no.
El controlador de Alaska ordenó al Korean 085 hacer lo que en el argot se conoce como un "squawk", término que indica un cambio en el código de 4 dígitos del transponder, en este caso ordenó a los pilotos cambiarse al código 7500. Los pilotos disponen de mecanismos silenciosos para informar cuándo han sido secuestrados, uno de ellos es cambiar el código de trasponder a 7500, es una norma universalmente aceptada.
En Alaska esperaban que los pilotos se negaran o cuestionaran la orden, en el supuesto de que no estuvieran siendo secuestrados.
En un giro completamente inesperado de los acontecimientos ¡los pilotos obedecieron la orden!
Así, sin cuestionar, sin preguntarse porqué, se les hizo raro pero aceptaron. A las 13:24 hrs cambiaron su trasponder a 7500, y le confirmaron al mundo que estaban bajo secuestro.
La noticia corrió como la pólvora y no tardó en llegar al gobernador de Alaska, Anthony Knowles, quien de inmediato ordenó evacuar escuelas, trabajos y hoteles en Anchorage, en el puerto Valdez, también en Alaska, se ordenó a todos los buques petroleros alejarse y dispersarse, temerosos de que pudieran ser blanco de un atentado.
Se ordena entonces al Korean 085 desviarse al pequeño aeropuerto en Whitehorse, Yukon, en Canadá, el pueblito también recibió la orden de evacuar de inmediato. La Policía Montada de Canadá se apresta a tomar las instalaciones aeroportuarias.
El aviso también le llegó al Primer Ministro de Canadá, Jean Chrethien, quien veladamente autorizó el derribo del avión en espacio aéreo canadiense en caso de que no cumpliera con las órdenes.
A las 14:54 el enorme Boeing 747-400 de Korean Air aterrizó en Whitehorse, escoltado en todo momento por los cazas de la Fuerza Aérea Norteamericana, quienes tenían la orden de derribarlo a la primera señal de anomalías.
En el pueblito de Whitehorse lo esperaba una comunidad invadida por el pánico, la gente había abarrotado los caminos de salida, ya que la policía había cerrado la autopista que era la principal salida porque daba al aeropuerto, pero también daba al hospital, las escuelas cerraron y las familias que no pudieron salir del pueblo buscaron refugio.
Toda una fuerza policial rodeó al avión, incluyendo comandos de élite y francotiradores apostados en los techos. Se ordenó a los pasajeros bajar de uno en uno, con las manos en alto, listos para ser inspeccionados en busca de explosivos y con las mirillas apuntando a sus cuerpos.
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| El piloto del Korean "se entrega" a las autoridades |
Durante años se ha atribuido el gazapo a un "error de traducción" y no a uno de interpretación, el ATC de Alaska a su vez siempre se ha defendido de los cuestionamientos acusando a los pilotos coreanos de no saber inglés, un típico y estúpido argumento que dan muchos norteamericanos, pero se les olvida que las tripulaciones de vuelo deben saber no solo inglés, sino "inglés técnico aeronáutico", como parte de sus acreditaciones para volar.
El minúsculo e irrelevante pueblo de Whitehorse vivió su propio drama el 11 de septiembre. Irónicamente, los pasajeros del Korean 085 no supieron a qué se debió tanto caos, fueron de las últimas personas en el mundo en enterarse de los acontecimientos de aquel día.




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