martes, 21 de mayo de 2013

El anciano que engañó a los nazis

Una de las cosas por las cuales me apasiona leer sobre historia, es encontrar relatos de gente simple que, obligada por las circunstancias, es capaz de hacer cosas extraordinarias, o bien por el contrario, cómo hechos simples e insignificantes pueden cambiar el flujo de los acontecimientos, hoy veremos el caso de un anciano de 83 años durante la invasión de los alemanes a la poderosa Unión Soviética en el marco de la Segunda Guerra Mundial (o Gran Guerra Patria, como lo denominan los rusos).

Matvey Kuzmin, nació el 21 de julio de 1858 en la aldea de Kurakino, un pueblo cercano a la ciudad de Velikiye Luki, región de Pskov. Antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, se le consideraba como un "kontrik" (anti-revolucionario), puesto que se oponía al régimen tiránico de Stalin; Kuzmin era un tipo bastante antisocial: por ello le apodaban "biriuk" ("lobo solitario") y además porque vivía como ermitaño en los bosques alrededor de su pueblo natal.

En junio de 1941 dio inicio la Operación Barbarossa, las tropas del Tercer Reich invadían a la Unión Soviética, formando un frente que terminaría extendiéndose desde el Océano Ártico hasta el Mar Negro:  miles de kilómetros que serían llamados Frente Oriental, durante los primeros meses los alemanes barrieron con las tropas del Ejército Rojo soviético, quienes poco pudieron hacer, salvo ofrecer alguna resistencia y sabotear el imparable avance de los nazis.
El Frente Oriental, fue sede de las más sangrientas batallas, no solo de la Segunda Guerra Mundial, sino de toda la historia: se estima que 30 millones de personas, entre militares y civiles, perdieron la vida en los combates del frente
Para agosto las regiones de Velikiye Luki y Kurakino fueron ocupadas por las tropas alemanas del Gurpo de Ejércitos del Centro y el 3er Ejército Panzer. Es probable que Matvey Kuzmin ni siquiera estuviera enterado de la guerra al vivir aislado del resto del mundo, sus únicas preocupaciones eran cazar, pescar, recoger leña… hasta que un buen día se topó con un batallón de la 1ª División de Montaña del ejército alemán, a su propia casa llegó el comandante de dicha división, quien lo desalojó para usar la casa como puesto de mando. Kuzmin tuvo que vivir en el granero.

A inicios de 1942, una unidad de choque del Ejército Rojo ocupó posiciones de defensa en cercanías de la región, se trataba de soldados del Ejército del Frente Kalinin.
En febrero las tropas alemanas en Kurakino recibieron la orden de avanzar y atacar por sorpresa la retaguardia de los soldados soviéticos como parte de una ofensiva mayor en la zona conocida como las Cumbres de Málkino.

El comandante alemán le exigió al anciano Kuzmin de 83 años que los guiara hasta Pershino, el lugar ocupado por las tropas soviéticas, que se encuentra a 6 km de Kurakino, prometiéndole para esto recompensarle con dinero, comida y keroseno, y asimismo un nuevo y poderoso rifle de caza de la marca "Tres Anillos”.

El viejo Kuzmin aceptó el trato… o eso hizo creer a los nazis. Aunque Kuzmin no simpatizaba con el régimen estalinista, tampoco era un traidor. Mientras los alemanes planificaban la estrategia de ataque, Kuzmin consiguió avisar a su hijo Vasilij (o nieto según algunas versiones) de su plan: atravesarían el bosque, por la ruta más difícil para agotarlos, hasta las cercanías de Málkino donde había un lugar idóneo para que el Ejército Rojo, avisado por Vasilij, los emboscase.
Tras varias horas de marcha, con la nieve hasta las rodillas, agotados y temblando de frío llegaron al punto elegido para la emboscada. Si Vasilij no había llegado a tiempo o no había podido avisar a los rusos… estaba perdido. Afortunadamente Vasilij había tenido éxito en advertir al ejército ruso, y ya se encontraba posicionado el Segundo Batallón de la 31 brigada de cadetes tiradores, al mando del Coronel S.P. Gorbunov del Frente Kalinin, salieron de su escondite y comenzaron a disparar sus ametralladoras… los alemanes habían caído en la trampa. El batallón alemán cayó a tiros en la emboscada y sufrió grandes pérdidas (más de 50 muertos y 20 prisioneros). En medio de la refriega, y antes de caer abatido, algun soldado alemán encaró y mató a Kuzmin. Sólo unos pocos alemanes pudieron huir de aquella encerrona.
Los combates en Velikiye Luki y sus alrededores continuaron desde 1942 hasta que finalmente los rusos del 3er y 4to Ejércitos del Choque y el Frente Kalinin lograron expulsar a los alemanes en enero de 1943, pero a un alto precio: el pueblo fue completamente destruido en el proceso, y a menudo a la batalla se le conoce como "el pequeño Stalingrado".
Velikiye Luki, durante las ofensivas sovieticas de 1942-43
Matvey Kuzmin fue enterrado en el cementerio militar de Velikiye Luki.

Una estatua en su memoria fue colocada en una estación del metro de Moscú en 1944, la estación Partizanskaya, dedicada a los héroes partisanos de la Unión Soviética.
No obstante, la historia de Kuzmin pasó sin pena ni gloria hasta 1948, cuando el periodista Boris Polevoy, del Pravda, el principal periódico de la era comunista, escribió el artículo “El último día de Matvey Kuzmin” que luego se convertiría en un cuento infantil que hasta la fecha es lectura obligatoria en las escuelas rusas.  Polevoy había estado presente en el funeral de Matvey.

El 8 de mayo de 1965 fue nombrado, a título póstumo, Héroe de la Unión Soviética y fue condecorado con la Orden de Lenin, sus 83 años al momento de su acto heroico lo convirtieron en la persona de más edad que recibió esta condecoración.

Su acción valerosa realmente no tuvo un gran impacto en el curso de la historia, sin embargo, miles de pequeñas acciones como ésta, sabotajes, escaramuzas, entre otras tácticas, fueron desgastando poco a poco a los invasores alemanes, su avance se retrasaba como consecuencia de la resistencia de los pobladores, y aunque la Unión Soviética iba cediendo terreno, ganaba tiempo, algo que sería vital, pues los nazis no esperaban tener que combatir en el duro invierno ruso, lo que finalmente ocurrió y significó el principio del desastre del Tercer Reich.

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